En medio de la tormenta no podíamos dormirnos.
En mi lado deshabitado de la cama Zafi sentado, ojos fijos en el afuera. El hocico de Nala, cálido y húmedo, sobre mi estómago, y sus orejas atentas. Les doy seguridad, lo noto porque a pesar de sus posturas no emiten sonidos.
Pienso en que por dentro yo también tengo miedo y me hago consciente de mis tensiones. Desde ese día en que todo se derrumbó habito mi cuerpo de este modo, esperando, expectante. Entiendo, de a ratos, que no hay vuelta atrás. Serás consciente vos también de eso?
Como toda tormenta tiene su fin, más pronto que tarde esto también va a pasar. Mi amiga me dice que ya pasó y que solo me aferro a una idea que inscribí en mi cabeza por muchos años. Que raro pensar que mis hijos no tendrán tu apellido ni sabrán de vos. Que no te voy a ver envejecer ni cumplir la promesa que nos hicimos del ahora y siempre.
Amar es ser lo suficientemente valiente como para hacerse cargo y querer ser mejor para los dos.
El tiempo es hoy y seguís existiendo solo en el ayer. Mañana es mejor.